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Capitalismo vs. Individualismo

El fenómeno del on demand, algo que llegó de la mano de los millennials pero que se está extendiendo a toda la sociedad con el smartphone, está cambiando.

Hoy día, miles de argentinos piden su desayuno en Rappi, van con una EcoBici a trabajar en Wework, donde consiguen trabajo freelance a través de una plataforma estilo Workana, al mediodía almuerzan sentados en una mesa compartida mientras miran el último video de sus youtubers favoritos. Luego del trabajo, toman una cerveza con amigos y se van a sus casas: algunos prefieren mirar Netflix, otros se conectan a Twitch. Más tarde salen a cenar a un lugar recomendado por el influencer foodie del momento y piden un Uber para regresar. Tal vez, los más jóvenes empiecen una partida online de Fortnite, un juego que es gratis y, sin embargo, de los más rentables de los últimos años. Finalmente, todos se van a dormir con el celular en la mano. Últimos chequeos de Whatsapp y las redes antes de cerrar los ojos.

Si al leer el párrafo anterior todo les pareció muy familiar, es que ya son parte del cambio o se dieron cuenta de él. Si, por el contrario, les pareció un idioma extraño… tienen que ponerse al día, porque los modos de uso se transformaron en menos de una década y llegan rápidamente al mundo de las empresas.

El tiempo del on demand

Seguramente escucharon hablar de la uberización de la economía. Muchos lo definen casi como un neosocialismo donde los millennials le estarían brindando más importancia al uso que a la posesión. Para mí, esta definición no es correcta y no explica por qué chicos de 13-14 años estarían dispuestos a gastar dinero para agregar un nuevo traje al avatar de un videojuego. En sí, el traje virtual es una posesión y no cambia en nada las características del avatar o el uso del juego. En mi opinión, lo que tenemos que ver detrás de la palabra uberización es el fenómeno del on demand, de "donde quiero, cuando quiero". Algo que, quizá, llega de la mano de los millennials pero que se está generalizando a toda la sociedad con un arma muy poderosa: ¡el smartphone!

Para comprobar el fenómeno, la experiencia más simple pasa por entrar a un banco y medir nuestra desesperación -y la de los otros- al no poder mirar la pantalla de nuestro celular. Algunos no lo soportan y salen para enviar un whatsapp: otros, en cambio, se atreven a la “ilegalidad” apenas el agente de seguridad les da la espalda... Esto es porque el teléfono se ha convertido en una extensión de nuestro cuerpo y nuestros sentidos. Privarnos del uso del celular es casi como privarnos de la vista o del oído.

En promedio, un argentino revisa su celular cada 5 minutos, y levantamos nuestra preciosa herramienta hasta una altura de un Obelisco por día.

El aire a individualismo

En la mayoría de las aplicaciones que usamos, los ingenieros miman mucho a los usuarios para crear experiencias personalizadas. Instagram, Google Maps, Netflix, MercadoLibre... todas estas plataformas saben lo que a uno le gusta y lo presentan de manera personalizada para cada persona que se conecta. Como usamos el celular varias horas al día, la sensación de estar en el centro de la escena se vuelve una costumbre; sin embargo, esto choca con la realidad de algunas empresas, donde los empleados piensan que son simples números. Si Facebook conoce a 2500 millones de usuarios, una empresa puede conocer tan bien a sus empleados como a sus clientes, y tratarlos como un individuo.

De los creadores de contenido a las microestrellas 

A este mimo virtual se le suma el efecto “redes sociales”, donde mucha gente aspira a convertirse en una estrella.

Hace ya unos años que tengo el privilegio de observar de cerca el crecimiento de dos youtubers & instagramers... a quienes hoy sería más realista llamar “creadores de contenidos”, porque son multiplataforma. Por un lado, mi esposa: con @monpetitglouton en Instagram cuenta con 150.000 seguidores; por el otro, mi hermano Pierre Croce, que en Youtube cuenta con 3 millones de suscriptores.

Los creadores de contenidos en las redes son como periodistas o directores de programa, que generalmente presentan entretenimientos cortos en forma periódica y donde también son guionistas, actores, productores y comerciales. La cantidad de medios digitales que consumimos es tal, que hoy el número de creadores de contenido explota, y las nuevas generaciones sueñan con acceder al graal.

Un cambio de hábitos

Pero no es tan simple; por lo que observé en los últimos años, podría armar un podio con los factores de éxito:

1. Crear contenidos de calidad con pasión
2. Mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio
3. Regularidad

Al ver estos tres puntos, queda claro que ser un creador de contenidos famoso no está al alcance de cualquiera. Pero las redes son tan accesibles que dichos creadores se transforman en microestrellas. Personas que, con unos pocos miles de seguidores, empiezan a ser reconocidos en su ámbito (escuela, lugar donde viven, nicho profesional). Este microestrellato refuerza la necesidad que uno siente de ser reconocido como individuo en la organización.

Jugar al ping pong con colegas vs. cambiar el mundo con amigos

Si me proyecto al futuro, estoy convencido de que el equilibrio de poder entre las empresas y la gente tiene que cambiar. El modelo puramente capitalista, donde las empresas les dan trabajo a las personas, debe virar hacia un modelo donde el individuo provee sus servicios a las empresas. En ciertos casos esto ya se observa (Uber, Rappi, etc.), y en algunos sectores -como el de tecnología- empresas cada vez contratan más freelancers.

Pero este es un proceso extenso; mientras tanto, debemos trabajar con la generación del on demand, con gente que quiere ser tratada de manera personalizada y que afuera del trabajo se siente como si fuera una estrella. ¿Qué hacemos? Primero inventamos una palabra, millennials, para luego repetir a lo largo del día que "no los entendemos". En segundo lugar, ponemos una mesa de ping pong en el comedor de la empresa porque
parece cool

Tengo una mala noticia: los millennials no quieren jugar al ping pong con colegas, sino que quieren cambiar el mundo con amigos. Esto es lo que deben lograr en sus organizaciones. ¿Cómo hacerlo? No tengo la respuesta ideal, pero puedo compartir algunas pistas. Deberían hacer que cada uno entienda que sus tareas son indispensables para el desarrollo de la empresa y, más que nada, para los demás. Tendrían que conocer mejor a sus empleados que a sus clientes. Urge multiplicar las ocasiones de crear vínculos de amistad entre colegas y crear espacio(s) de encuentros dentro de la empresa, para que todos los días sus equipos lleguen a la oficina con la intención de mejorar -a su escala- el mundo, ¡y convencidos de que lo están haciendo entre amigos!

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