Panorama: La Argentina en el mundo

El presidente ha consolidado su liderazgo. Con la presidencia del G20, se abre en 2018 una ventana de oportunidades para el país a nivel internacional.

Noticias de la CCIFA, Perspectives  |   | Juan L. Buchet, corresponsal de Radio Francia Internacional (RFI)

Mauricio Macri festejó sus primeros dos años de presidencia el 10 de diciembre, en inmejorables condiciones. Fortalecido por el resultado de las elecciones parlamentarias de octubre, en las que el oficialismo se impuso en las provincias más importantes y triunfó en distritos donde apenas existía Cambiemos en 2015, tiene las manos (casi) libres para gobernar. Si bien sigue sin mayoría en las cámaras y deberá continuar negociando, el escenario político le es muy favorable. El peronismo está fragmentado y el caudal que mantiene el kirchnerismo dificulta la renovación que algunos de sus dirigentes más jóvenes quisieran emprender. Y las fuerzas moderadas del arco político han cedido espacio al partido gobernante. El sindicalismo y los mandatarios provinciales también han tomado nota del nuevo panorama. Con una relación de fuerzas mucho más favorable que en el pasado reciente, el presidente pudo, una semana después de los comicios, trazar las grandes líneas de las reformas por venir, especialmente las tributaria, laboral y previsional (esta última atada a un nuevo pacto fiscal con las provincias). ¿Los objetivos? Principalmente, mejorar la competitividad de las empresas argentinas, generar empleo de calidad y en blanco, y reducir el déficit fiscal. Aunque dichas reformas fueron atenuadas (y alguna frenada) antes o durante su tratamiento parlamentario, el camino está trazado. Como lo dijo el Presidente, es el del “reformismo permanente”.

Reformismo permanente, sí (hay un sinfín de medidas paralelas que lo atestiguan), pero demasiado progresivo, y hasta muy lento para algunos que ven en estas políticas una suerte de peronismo de guantes blancos, cuando no, un “kirchnerismo cheto”. De hecho, el Gobierno es fuertemente criticado por los economistas más ortodoxos, que reclaman un ajuste “en serio”, a la vez que la oposición K y la izquierda radical denuncian un ataque “salvaje” contra el pueblo. Todo lo que es excesivo es insignificante, decía Talleyrand, con bastante razón. E, independientemente de lo que uno pueda pensar de los resultados de estas políticas (es inquietante la lentitud de la baja de la inflación, puede serlo el endeudamiento creciente, etc.), queda claro que para el Presidente es la única vía posible para reformar en un país de lobbies poderosos, con actores sociales y políticos de peso, y altos índices de desigualdad, pobreza y marginalidad. Lo avala un sector mayoritario de la sociedad, fundamentalmente urbano y de clase media, pero al que se van uniendo, como lo demostraron las elecciones de octubre, ciudadanos provenientes de categorías más populares.

ESTA CONJUNCIÓN OMC/G20/OCDE QUE VISIBILIZARÁ COMO NUNCA A LA ARGENTINA EN EL MUNDO DEBERÍA AYUDAR TAMBIÉN A VENCER LAS RESERVAS QUE MUCHOS INVERSORES INTERNACIONALES MANTIENEN AÚN RESPECTO DE LA ARGENTINA.

De hecho, la popularidad del Presidente no ha dejado de subir en los últimos meses. El cambio de año lo encuentra con un altísimo índice de aprobación (cerca del 62% según las principales encuestadoras). Un verdadero estado de gracia, especialmente llamativo si tenemos en cuenta que el crecimiento de la economía es aún moderado. Esto le permite encarar el 2018 con un liderazgo consolidado para seguir y profundizar las reformas. Y, también, para proyectar la Argentina al mundo.

Porque 2018 será EL año internacional de la Argentina, gracias a la presidencia del G20, efectiva desde el 1° de diciembre 2017 y que culminará, doce meses después con la organización de la Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de este organismo en Buenos Aires. Recordemos que el G20 (Grupo de los 20), creado en 1999, reúne a 19 países, entre ellos las principales economías desarrolladas, varios países emergentes y la Unión Europea. En conjunto, sus miembros representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población del planeta, el 75% del comercio mundial y más del 80% de las inversiones en investigación y desarrollo. El G20 es el primer foro internacional para la cooperación económica, financiera y política.

Es la primera vez que la Argentina ejerce la presidencia de este club, del que forman parte dos otros países latinoamericanos, Brasil y México, y la cumbre de Buenos Aires será la primera del G20 organizada en Sudamérica. En el marco de su preparación, de aquí a fines de noviembre de 2018 tendrán lugar más de 50 reuniones ministeriales y sectoriales en varias ciudades del país, con la participación de unos 20.000 funcionarios de los distintos países miembros, así como de los más importantes organismos internacionales. En estas reuniones, como expresó el presidente Macri en el acto de lanzamiento organizado el 30 de noviembre en el CCK, la Argentina podrá imprimir su marca en las deliberaciones, aportando una visión renovada de las soluciones a los problemas mundiales, y desde Latinoamérica, ya que incluirá contribuciones de Brasil, México y Chile, país invitado a la próxima cumbre. Esto debería verse reflejado en la declaración final que adoptarán los jefes de Estado y de Gobierno en Buenos Aires el 1° de diciembre de 2018. Después de 24 meses en los que Macri recibió a los principales dirigentes mundiales, la presidencia del G20 posiciona inmejorablemente a la Argentina a nivel internacional. Como anticipo de este nuevo rol, la OMC (Organización Mundial del Comercio) se reunió en conferencia ministerial en Buenos Aires entre el 10 y el 13 de noviembre. Pero será sin duda a partir de marzo de 2018, con la primera reunión de ministros de Finanzas y Presidentes de Bancos Centrales del G20, que se abrirá la gran ventana de oportunidades para el país, en un crescendo que llegará a su cenit con la cumbre de fin de año. Entretanto, se espera que la Argentina reciba la invitación oficial para iniciar el proceso de adhesión a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Otro club, no menos selecto -35 miembros-, muchos de ellos también miembros del G20. Todos se han declarado a favor de la candidatura argentina, y el Gobierno ya ha cumplido con las 23 condiciones exigidas por la organización para que ésta pueda ser examinada. De alguna manera, la OCDE es el “think tank” del G20. Y es también un ancla para los países que la componen, ya que les exige buenas prácticas y transparencia en materia de políticas públicas.

Se alinean los planetas. Esta conjunción OMC/G20/OCDE que visibilizará como nunca a la Argentina en el mundo debería ayudar también a vencer las reservas que muchos inversores internacionales mantienen aún respecto de la Argentina, con o sin razón. ¿Llegará entonces, la demorada “lluvia” de inversiones durante 2018? Quizás. A condición que el Gobierno siga haciendo bien los deberes (mejor que nunca, en realidad), que no se rompa la luna de miel de la sociedad con el Presidente y, factor a no olvidar, que la política local no nos depare sorpresas.

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