La autonomía de la mujer

El embajador de Francia en la Argentina es un actor comprometido, desde su función y desde sus convicciones, con el empoderamiento de las mujeres. Perspectives solicitó su participación para introducir el dossier.

Perspectives, Noticias de la CCIFA  |   | Pierre Henri Guignard, Embajador de Francia en la Argentina

Francia está plenamente comprometida en la escena internacional, en el seno de las instancias multilaterales, para promover la autonomía de las niñas y las mujeres, además del reconocimiento de la universalidad de sus derechos fundamentales. No es solamente una cuestión de justicia, sino también una condición esencial –tal vez, incluso, la primera– para el desarrollo sustentable del planeta.

Las mujeres son el eje de los equilibrios familiares, culturales, sociales y sanitarios. Tienen un rol central en materia de salud, desarrollo y educación. En este sentido, su autonomía es un factor indispensable de paz y progreso social, económico, medioambiental. A este respecto, la Conferencia de la ONU de Beijing, en 1995, constituyó un punto de inflexión en la historia de la lucha por la emancipación de las mujeres: allí se realizaron progresos decisivos que siempre habrá que defender, confortar y amplificar. Pero en múltiples ámbitos aún quedan por realizarse considerables esfuerzos. Las estadísticas son desconcertantes: actualmente, solo alrededor de la mitad de las mujeres en edad de trabajar está representada en la mano de obra mundial, contra un 76% de los hombres. Las mujeres realizan 2,5 veces más trabajos no remunerados que los hombres. A escala mundial, la diferencia de remuneración entre los sexos es del 23%.

Resulta entonces urgente renovar la promesa de Beijing: cuando el derecho de las mujeres no progresa, siempre termina retrocediendo.

La educación, factor basal

El desarrollo de las jóvenes y las mujeres comienza en los bancos de las escuelas por una educación de calidad, y el acceso a la cultura y la información. La igualdad de los géneros pasa por la alfabetización, el acceso a la ciencia, y a verdaderas posibilidades para las jóvenes de realizar sus sueños y de hacer sus propias elecciones adecuadas. La igualdad de los géneros es una cuestión de derechos humanos, y una condición de progreso para la salud, el desarrollo sustentable y la sociedad en su conjunto. A tal fin, los gobiernos deben realizar concertados esfuerzos para promover la participación de las mujeres en la vida económica; los colectivos importantes, como los sindicatos, tienen que prestar su apoyo; además, se debe escuchar con atención la voz de las propias mujeres para generar soluciones que permitan superar las barreras actuales a su participación. También es preciso actuar con determinación para eliminar la discriminación que las mujeres encuentran en varios frentes y que convergen más allá del tema del género: la orientación sexual, la discapacidad o la
edad. Hay mucho en juego, incluso en el plano económico: si se logra avanzar en la igualdad de género, podría darse un impulso al PIB mundial de 12 billones de dólares de aquí al año 2025.

Esta es nuestra convicción: dar a las mujeres el derecho de elegir su vida con total autonomía, en todos lados del mundo, no es solamente una lucha por la dignidad y la justicia; es una de las claves para relevar los desafíos de este siglo, con la promesa de un mundo igualitario, más justo y democrático.

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