Inversiones, investigación, y propiedad intelectual

La Argentina supo ser, durante décadas, el “granero del mundo”. ¿Cambiará ese modelo agrario para ser “el semillero del mundo”? ¿Cómo impactará la Ley de Semillas, y cómo piensan participar las empresas galas? Opina Patrice Roché, presidente de RAGT Argentina.

Perspectives, Socios  |   | Patrice Roché, presidente de RAGT Argentina

RAGT es una empresa familiar cuya sede se encuentra en Rodez (Aveyron). Hoy, con 17 filiales, más de 1.000 empleados en todo el mundo y más de la mitad del volumen de negocios en el exterior, es una firma muy representativa de las ETI (empresa de tamaño intermedio) francesas.

Desarrollamos varios tipos de semillas diferentes (maíz, girasol, colza, sorgo, forrajes y otros cereales). Nuestro trabajo va desde las investigaciones hasta la comercialización, pasando por la producción. La investigación representa una inversión importante: le dedicamos cada año el 16% de nuestro volumen de negocio (el mismo nivel que la industria farmacéutica, pero el doble que el de la industria automotriz).

Una de las características de nuestro negocio es que nuestros ciclos de innovación son extensos y se requieren más de 10 años para sacar al mercado una nueva variedad. RAGT se estableció en la Argentina hace 2 años a través de su filial RAGT Argentina SA. Desarrollamos dos actividades: la producción de semillas para la exportación (contratación) y el desarrollo, producción y comercialización de nuestras semillas de girasol, sorgo, grano y forraje en los mercados locales (Argentina, Chile, Uruguay).

Curiosidades del mercado local

¿Sabían que la primera variedad de trigo harinero que se siembra en la Argentina es francesa? ¿Sabían que Francia es el principal exportador mundial de semillas? En esta competencia global, más allá de algunos colosos, ¿sabían que ciertas empresas francesas -Limagrain y RAGT- juegan “en primera” y están clasificadas entre las mejores?

La Argentina es un “gigante verde”, una superficie agrícola de 38 millones de hectáreas (50 millones si añadimos las praderas): era el 5° mayor exportador en 2012, hasta bajar al puesto n° 12 en elaño 2015 por razones “domésticas”. Su enorme potencial tiene que llevar al país a ser uno de los protagonistas a nivel mundial. Hoy, su producción agrícola alimenta a 400 millones de personas mientras que su población asciende a solo unos 45 millones. En comparación, China debe alimentar al 22% de la población mundial con solo el 8% de las tierras cultivables del planeta. Otros puntos fuertes de la Argentina son el tamaño de sus operaciones y el alto nivel técnico de sus agricultores. Son, en mi opinión, los mejores del mundo. De hecho, se adaptaron a un entorno inestable y a limitaciones que surgen en forma continua. Por ejemplo, se convirtieron en expertos en la técnica de siembra directa. Están abiertos a la innovación y ávidos de nuevas tecnologías. Se apoyan en una estructura de difusión del progreso a través de sus organizaciones CREA y AAPRESID, que hacen un trabajo excepcional (inspiradas, en sus inicios, en los Centres d'études des techniques agricoles –CETA- franceses).

Un horizonte a largo plazo

Quedan, por supuesto, retos para enfrentar: la adaptación cualitativa y reglamentaria a la demanda global, una política agrícola con una visión de largo plazo, la anticipación a los problemas por el monocultivo de la soja (más del 60% de la superficie total), la erosión del suelo, la optimización del agua, la rotación de los cultivos, los transportes...

La nueva Ley de Semillas representa un paso importante para abordar esos desafíos. El reconocimiento de los derechos de propiedad intelectual sobre las semillas debería permitir a las empresas del sector, obtener un justo rendimiento de la inversión, respetando los derechos de los agricultores.

Es difícil simplificar un tema como este. En el mercado tenemos dos tipos de semillas: las híbridas y las autógamas. Las híbridas (maíz, girasol, sorgo, etc.) provienen del cruce de un linaje macho y un linaje hembra. El resultado (la variedad) es un híbrido que, por un efecto de heterosis, tendrá ciertas cualidades o características (por ejemplo, mejor rendimiento pero también resistencia a enfermedades particulares) ¡muy superiores a las de los padres! Mire a su alrededor: ¡es a menudo lo que sucede con nuestros hijos! En este caso, los agricultores no pueden volver a sembrar esas variedades porque perderían todos los beneficios de la hibridación. Es un breve recordatorio de nuestros cursos de Ciencias Naturales, donde este fenómeno se llama “las leyes de Mendel”.

En cambio, las autógamas (cereales, soja, etc.) permiten la siembra nueva conservando más o menos las cualidades mejoradas por la empresa semillera. La reproducción se lleva a cabo con el mismo individuo, cuyos gametos masculinos y femeninos se encuentran en la misma planta, generando una autofecundación. Son plantas homocigóticas y sus descendientes generarán una planta con las mismas características genéticas. En este caso, el desafío pasa por reconocer los derechos de propiedad intelectual, alentando a los agricultores a utilizar semillas certificadas (regalías certificadas) y el pago de regalías en el caso de volver a usar su propia semilla (regalías extendidas). Hay que saber que, en términos económicos, se estima que la inversión en la semilla representa menos del 6% del producto bruto de una hectárea de trigo.

El medio ambiente en primer plano

Bajo la presión de la evolución, el calentamiento global, técnicas nuevas, el uso del agua y las nuevas normas de salud, debemos adoptar constantemente soluciones más económicas y más respetuosas con el medio ambiente. Así, las necesidades de inversión en investigación y desarrollo crecen en forma constante. Además, nos parece esencial que se mantenga una cierta diversidad de actores en el mundo del fitomejoramiento. Es importante señalar que se reconoce el derecho de propiedad intelectual en Europa, Estados Unidos y, más cerca de nosotros, en Uruguay y en Brasil, así como en muchos otros países. En este proceso, nosotros los franceses, ofrecimos compartir nuestra experiencia, porque siempre estuvimos a la vanguardia en la modificación de esas reglamentaciones. Sin interferir en nada en los asuntos del país, que solo conciernen a los argentinos, les ofrecimos nuestro compromiso a través de la ASA (Asociación de Semilleros Argentinos).

Este reconocimiento de la propiedad intelectual representa nuevo recursos para investigar, la oportunidad de desarrollar programas de investigación en y para el territorio argentino. Además, esto permite la reactivación de una actividad económicamente muy rentable para los agricultores como es la producción de semillas. La exportación de semillas argentinas pasó de 150.000 a 50.000 toneladas entre 2013 y 2015 (soja, maíz, girasol, sorgo y trigo).

Por último, la implementación de una nueva ley que reconozca los derechos de las empresas semilleras sobre la propiedad intelectual permitirá mejorar la competitividad del “Gigante verde” sobre toda la cadena de valor a nivel mundial y a los semilleros franceses, participar de ese proceso.

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